En nuestra infancia no jugamos sólo para entretenernos, sino
que es el medio por el cual comprendemos como es el mundo para aprender a
integrarnos a él, como reales adultos equilibrados, la niñez es el reflejo que
nos dirá si fuimos bien guiados en el inicio de nuestra vida y tuvimos suficientes
fundamentos en valores y principios. Ojalá nunca perdiéramos nuestra infancia
lúdica que todos llevamos muy dentro, bajo las circunstancias que sean. Indudablemente
que nuestra madures es el hermoso fruto de lo que recibimos en nuestra niñez.
El hecho de madurar no se refiere a adquirir un comportamiento
serio y lejano a la diversión, por supuesto que hay muchos factores que alteran
los estados de ánimo a medida que vamos creciendo ya que adquirimos más
responsabilidades, tenemos más deberes y compromisos a los cuales tenemos que
responder, pero hay que tener en cuento que esto no justifica que seamos
amargados, aburridos, o incluso groseros y poco amables con las personas.
Personalmente pienso que Nietzsche se refiere a que madurar
consiste en conseguir el equilibrio de nuestra vida con respecto a saber
manejar nuestros deberes y compromisos con ese toque de amabilidad, gracias, sencillez,
y diversión que caracteriza al niño que algún día fuimos.

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